miércoles, 29 de octubre de 2008

Me Enamore De Ella


De pequeña recuerdo su luz, siempre en Navidad estaba llena de millones de destellos cuando mirabas al cielo queriendo saltar para agarrar uno, pero es que quien no quedaba maravillado con las luces navideñas de Plaza Venezuela.

Con el pasar de los años empecé a rechazar al estrés aunado a esta urbe, me resultaba tedioso bajar a Caracas a aguantar el gentío, el calor, smoke y las colas insoportables por supuesto. No fue hasta que entre a la universidad que me vi obligada a estudiar en la ciudad que retome un poco de aprecio hacia ella, por supuesto que el hecho de estar en la mejor universidad del mundo y patrimonio de la humanidad (U-U-UCV) hizo que mi cariño aumentara (pero ésta es inspiración para otro post) y acercarme más aún al riquísimo Jardín Botánico, ese pequeño espacio verde dentro de tanto humo.


Son muchos los gratos recuerdos que tengo correteando el Museo Histórico Militar de Caracas, mientras mi tío Carlos Quintero (ó como le decimos en la casa El Coronel) trabajaba en él, las oficinas se veían gigantes, claro está comparado con mi tamaño.

La única forma de ver bonito los barrios es de noche por ser llamados los nacimientos vivientes, y es impresionante lo lindo que se ven todas esas luces prendidas. Pero creo que no hay mejor vista que desde el majestuoso Ávila, donde el parque y Galipán hacen que jamás te aburras. O El Hatillo, rinconcito de la metrópoli que te ofrece una variedad gastronómica y La Lagunita que aparte de las mega casas que ves, por mi parte no puedo apartar la vista de las montañas que te trasportan a un nivel de relajación espectacular.


No dejemos a un lado a nuestro odiado y amado metro, que aparte de ser protagonista de muchos de mis post y mentadas de madre de todo caraqueño, es el mejor medio de trasporte para el rápido estilo de vida citadino. Y que te puede sorprender, o por lo menos a mi si (porque jamás había llegado hasta allá sola en metro, sí ríanse), cuando ves partes de él descubiertas y puedes apreciar por unos instantes los coloridos bloques del 23 de Enero.


Y que se puede decir de La Candelaria, que al igual que El Hatillo te brinda una diversidad culinaria más cultural por la gran cantidad de extranjeros que la residen, apartando la cantidad de cosas que puedes comprar súper barato.
Para terminar, a todos aquellos amantes de las alturas, no hay nada más divino que montarse en alguno de los ventanales de las Torres de Parque Central para no solo visualizar la urbe, sino sentir como el viento te sopla en la cara.

Así que los invito a limpiar, cuidar, dejar a un lado las mentadas de madre por las colas y volteen a ver todo lo que esta bella ciudad tiene. Se los dice alguien que no nació ahí, pero como la aprendió a apreciar.

P.D.: Las fotos de este post tienen como autor al Neddy, quien fue motivación de uno de mis primeros post, y los invito a ver sus últimos trabajos. Y mi primo Carlos Enrique Quintero Regos, quien tiene el privilegio de sobrevolar los cielos cuando quiera.

http://www.flickr.com/photos/desdelotrolado/collections/

http://nelsonizquierdo.carbonmade.com/

1 comentario:

Eliana Quintero dijo...

Primis, hay momentos en que también aprecio las cosas bellas que tiene Caracas, aunque a veces me desespera...